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    GRAN VIA Y FORTUNA. por Josu Samaniego

      
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Durante toda la Semana Santa hemos estado oyendo en los informativos la celebración del centenario de la Gran Vía madrileña. En Bilbao existe otra bien conocida que va desde la Plaza Circular hasta la del Sagrado Corazón. En la obra Compendio de la Historia de Bilbao, de Teofilo Guiard y Larrauri, edición resumida de la Caja de Ahorros Municipal de Bilbao, 1.978, aparece que el proyecto de construcción de la Gran Vía y del Ensanche de Bilbao fue aprobado por Real Decreto del Ministerio de Fomento de 20 de Mayo de 1.876. En aquel momento se denominaba Gran Vía de San Mamés, con evidente referencia al nombre del lugar donde desemboca.

 Don Manuel Basas en su Diccionario Abreviado de las calles de Bilbao, editado por el Ayuntamiento de la Villa en 1.991 explica que se bautizó la Gran Vía de San Mamés con su nombre actual de Don Diego López de Haro en 1.879. En definitiva, la Gran Vía bilbaina es un tercio de siglo más antigua que la madrileña.

Entre las fotos antiguas de esa calle madrileña exhibidas por las televisiones, aparece una de un grupo de señores de pie junto a un toro abatido. Por fin, en el Teleberri del Lunes de Pascua oigo que aquel animal fue toreado en plena Gran Vía por un torero llamado Fortuna. Pero no se nos dice quién fue ese personaje.

Nos lo explica Antonio Fernández Casado, autor de Toreros de Hierro- Diccionario de Toreros Vizcainos, editado por la BBK en 1.992. Se trataba de Diego Marquiaran Torrontegui, torero nacido en Sestao el 20 de Febrero de 1.895 de padre navarro y madre sestaoarra. Y añade:

 
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 Como consecuencia de un accidente ferroviario en Valladolid, cuando intentaba coger un tren en marcha y con velocidad en las afueras de la estación, para burlar el control de los empleados, falleció un compañero de aventuras al ser despedido a las vías y arrollado por otro tren que venía en dirección contraria, saliendo Diego ileso, aunque con algunas magulladuras. A partir de ese momento, adoptó el apodo de “Fortuna” alias con que le bautizó el aficionado bilbaino Victoriano Santisteban, que acudió a visitarle al hospital y le pagó el billete de retorno a Bilbao.

Fortuna fue un extraordinario estoqueador, intérprete majestuoso de la suerte del volapié. Dominaba y ejecutaba la suerte como nadie, además de marcar todos los tiempos con gran clasicismo, buscando siempre la distancia correcta que las características de la res demandaba. Con la muleta era sobrio y elegante en sus adornos, con el capote era eficaz en los quites por su perfecta colocación en la plaza.

Uno de los sucesos más populares en su brillante carrera tuvo lugar en la Gran Vía madrileña, cuando irrumpió en la vía pública un toro desmandado que llevaban al matadero e hirió a numerosas personas, una de ellas de gravedad, lo que obligó a “Fortuna” a torearlo con su capa y estoquearlo en la misma vía pública, el 23 de Enero de 1.929. Por este gesto fue premiado con la Cruz de Beneficencia y su azaña fue reflejada en toda la prensa internacional.

A Ernest Hemingway no le caía bien, como era habitual en caso de toreros vascos y dice de él: 

Diego Marquiaran, “Fortuna”, de Bilbao, es otro gran matador de tipo carnicero. “Fortuna” tiene los cabellos rizados, gruesas muñecas, es rudo y fanfarrón, se casó con una mujer rica y torea lo suficiente como para tener dinero en el bolsillo. Es bravo como el toro y sólo un poco menos inteligente. Es el hombre más fuerte que he visto.…

Sin embargo, “Fortuna” es realmente bravo, bravo y estúpido. No tiene ningún nerviosismo durante la lidia. Le he oído decirle a un picador: “Vamos, de prisa que me aburro. Este asunto me aburre. Vamos date prisa”. Entre nuestros frágiles artistas, “Fortuna” se erige como una supervivencia de otros tiempos. Pero os aburriríais a morir más de lo que se aburre en el ruedo si acertáis a sentaros junto a él durante una temporada. 

D. Aureliano López Becerra,  “Desperdicios” escribía en la Gaceta del Norte un artículo al respecto, luego recopilado en “Guía humorística del Bilbao de los años 20”, ediciones de la Caja de Ahorros Municipal de Bilbao, 1.975: 

Rica en enseñanzas la plausible hazaña de Fortuna, hay dos que destacan entre todas. 

La primera, la de la gabardina. Deshonrada por el abuso que hicieron de ella los pistoleros de Barcelona, pasa de golpe a ser prenda típicamente nacional. Desde hoy puede hombrearse con la capa y Rafael El Gallo puede pasear su garbo por las más estrechas calles de Triana cubierto con gabardina de trabilla, sin que su bien ganado prestigio pierda un adarme.

La otra enseñanza es desoladora. ¡Las armas de guerra no sirven para matar bueyes! Lo dice bien claramente el relato. Cuando la gabardina de Fortuna había dejado al buey con la lengua fuera y suficientemente cuadrado para “entrar por uvas” bajó del Casino Militar un buen ciudadano y entregó al torero un espadín. Lo miró desdeñosamente el matador y exclamó: 

-¡ Eso no sirve para matar!

El fracaso castrense sirvió para que Fortuna siguiese toreando el tiempo necesario para que el chófer le trajese las armas adecuadas.

 Sumemos nuestras voces al coro que, con tanta justicia, pide para el torero vizcaino una distinción.

 Que hablen de uno aunque sea bien, pero que hablen. ETB ha perdido la oportunidad de hablar de un paisano que dio nombre internacional a la Gran Vía de Madrid. Tendrá cosas más interesantes que hacer.