
EXPLOSIÓN. Aitziber Adell, Juan José San Sebastián y Marijaia, los tres protagonistas del txupin.
Con más harina, huevos y champán de lo habitual, ayer comenzó oficialmente
la Aste Nagusia bilbaína. El breve y original pregón de Juanjo San Sebastián
dio paso al txupinazo de Aitziber Adell y, tras ella, se asomó por fin Marijaia,
que dedicó su permanente y amplia sonrisa a un público completamente eufórico
con muchas ganas de fiesta. Al son del himno en su honor, los bilbaínos y
visitantes que abarrotaban la plaza del Arriaga se despidieron de ella para
perderse por las calles de la capital y estrenar de inmediato estos nueve
esperados días de fiesta ininterrumpida. El final del pregón decía: «Pasáoslo
la mar de bien». Que así sea.
TEATRO ARRIAGA
Fiesta en ebullición
Risas, impaciencia y ganas de comenzar la fiesta. Ayer el interior del
teatro Arriaga era un hervidero de representantes de las comparsas, políticos,
deportistas y periodistas que charlaban entre copas de champán mientras
esperaban la hora del pregón y el txupinazo. Sus responsables, Juan José San
Sebastián y Aitziber Adell, se mostraban nerviosos pero «encantados» de ser
los protagonistas de tal honor. El ambiente resultaba variopinto. Junto al
alcalde, Iñaki Azkuna, y su comitiva municipal al completo se podía ver a
comparseros disfrazados de novia, de mujer o de cabareteras. En cuanto Aitziber
Adell lanzó el txupin, toda la sala rompió a aplaudir entusiasmada para
celebrar el inicio de la Semana Grande. Con los primeros compases de 'Marijaia',
la mayor parte de los asistentes se unió por la cintura para bailar la popular
canción que, sin duda, será la mejor banda sonora de los próximos nueve días
de fiesta.
TAMBIÉN
EXTRANJEROS
«La gente debe estar un poco loca»
«Nunca había visto algo ni parecido», comentaba el alemán Carsten
Wischmann, mientras disparaba impresionado su máquina de fotos sobre la
multitud como un poseso. «Había visitado Bilbao durante el año, pero ahora
está irreconocible... la gente debe estar un poco loca para meterse ahí, ¿no?»,
bromeaba mientras explicaba que él no podía acercarse más para que no le
estropeasen la cámara. Junto a él, los bolivianos Marco y William apuraban los
últimos tragos de cerveza, mientras miraban incrédulos la batalla de huevos y
harina: «no podíamos esperar nada parecido. ¿Esto es terrible!».
JUVENTUD
«Es la primera vez que vengo»
Ramón tiene 18 años y estaba manchado de harina, mostaza, espuma de
afeitar, huevos y tomate hasta en las cejas. A pesar de vivir en Bilbao, ayer
fue la primera vez que se acercó a la Plaza del Arriaga al txupín de las
fiestas. «Aunque esté un poco pringado, esto es tremendo». Asegura, al igual
que sus amigos, que para divertirse necesita enguarrarse de arriba abajo, y por
eso llevan más de una hora tirándose de todo, porque «una vez al año no hace
daño».
DESDE ANDALUCÍA
«Mis vacaciones son estas fiestas»
Entre la multitud estaba Antonio Giménez, un andaluz que disfrutaba de
nuestras fiestas como un bilbaíno más. Ataviado con la peor ropa de su armario
para poder «ensuciarse en condiciones», Antonio no paraba de saltar al ritmo
del pegadizo estribillo de Marijaia. Y es que su visita a la Aste Nagusia no es
casualidad: «Vengo todos los años porque tengo familia aquí», aunque «vendría
de todas formas». De hecho, no le duelen prendas en reconocer que prefiere
estas fiestas «porque no son tan pijas como las del sur». No sólo eso.
Antonio siempre coge sus vacaciones en la segunda quincena de agosto para poder
venir a la Aste Nagusia. «Esto es impresionante... no es normal». Miraba a su
alrededor sin dejar de «alucinar» con el ambiente de la Plaza del Arriaga.
Entre salto y salto, sus amigos y desconocidos le tiraban cacao en polvo,
harina, tomate y azúcar. Pero eso a él le daba igual, porque «ahora mismo voy
a casa, me ducho, me cambio, ceno y a seguir la fiesta por la noche».
LAS COMPARSAS,
VIGILANTES
«No nos han hecho caso»
Los miembros de las comparsas intentaban evitar que los huevos, la
harina, el Ketchup y el Cola Cao volvieran a condimentar el txupinazo. «Hicimos
un llamamiento para que esto no sucediera, pero no nos han hecho caso. Lo único
que consiguen con esto es espantar a mucha gente», explicaba Jon, de 'Mecagüen'.
Así, las comparsas se situaron ayer en los laterales de la plaza y llamaron la
atención a aquellos que lanzaron huevos contra la fachada del Arriaga. «¿Por
qué no te lo tiras a ti mismo?, gritaban». Felipe, de la comparsa de Indautxu,
también intentaba controlar a los más jóvenes: «Es que con los huevos y la
harina el suelo se convierte en una pista de patinaje. Además, con todos los
cristales de botellas que hay en el suelo, alguien puede hacerse mucho daño»,
explicaba mientras decenas de jóvenes se rebozaban en el firme de la plaza.
PEQUEÑOS Y
MAYORES
«¿Voy a ver a Mari Jaia!»
Julen tiene dos años, y por primera vez iba a asistir al txupinazo «siempre
que se coma la merienda», puntualizaba su madre, Ana Belén. Con su pañuelo al
cuello marchaba feliz en su sillita: «Voy a ver a Marijaia», gritaba. De todos
modos nos vamos a quedar en el puente, porque entrar ahí es imposible, así que
nos acercaremos justo lo necesario para que pueda oír la música», explicaba
Ana Belén. Un poco más cerca del teatro se situaban Beatriz Santamaría, de 70
años, y su marido. «Nos han tirado un huevo, y a mi esposo le han hecho un
poco de sangre», se quejaba.